viernes, 29 de abril de 2011

Las piezas de este rompecabezas se van encajando una por una de tal manera que cada acción, tiene una consecuencia. A la vez, esa consecuencia genera otra y así, sucesivamente... Es un ciclo, una cadena con un principio casi incognoscible y un final indescifrable. Es sorprendente como son las vueltas de la vida: quizás un mínimo detalle (un segundo, una nube, un reloj, un papel) termina poniendo delante nuestro lo que realmente necesitamos

martes, 19 de abril de 2011

"...Digamos que loco es aquel que hace las cosas de la misma manera, una y otra vez, y que en cada intento cree o piensa que al final de su conducta o acción, obtendrá lo que espera, recibiendo con desilusión prácticamente el mismo resultado de siempre."
Entonces solo nos queda hacer totalmente lo contrario a lo que nosotros creemos o pensamos y... quizás las cosas (finalmente y por una buena vez), no salgan como nosotros queremos. O quizás es eso lo que realmente buscamos, lo que realmente queremos y todavía no nos dimos cuenta.

viernes, 15 de abril de 2011


Una alegría absurda nos tomaba de la cintura,
y vos cantabas arrastrándome a cruzar la calle,
a entrar en el mundo de los peces colgados del aire

Julio Cortázar

martes, 12 de abril de 2011

Atención pido al silencio,
y silencio a la atención.
Que voy en esta ocasión,
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia,
le faltaba lo mejor...

José Hernandez, Martín Fierro

domingo, 10 de abril de 2011

Te extraño y te espero, quiero que regreses. Sin rencores, sin enojos, sólo para abrazarte y no dejarte ir nunca más

miércoles, 6 de abril de 2011

Mirando las golondrinas en el cielo, no se ven otras golondrinas al alcance de la mano...

martes, 5 de abril de 2011


No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor (Alejandro Dumas)

domingo, 3 de abril de 2011

El hombre tiene la capacidad de ser maravilloso y también todo lo contrario. Por eso pudo llegar a la luna o tirar una bomba. Es lo mismo, es la misma tecnología. Es el ego. (Panza)

miércoles, 23 de marzo de 2011

23? Cómo? 23? No, 4, si, 23. Feliz 23!!!!!!!!!!!!!

domingo, 20 de marzo de 2011

sábado, 19 de marzo de 2011

Sólo me queda el consuelo,
de saberme muy tranquila,
yo ya sé que la peleé...

lunes, 14 de marzo de 2011

El calor del fogón era una de las sensaciones más confortables que había sentido desde hace tres meses. Imposible era olvidar aquellos rostros del pasado, ni siquiera el huir de la ciudad lograba apaciguar esas voces en mi cabeza. No recordaba si esas voces siempre habían estado ahí o si acaso habían aparecido luego de aquella noche.
Las llamas se movían al compás del viento al igual que las copas de los árboles, ese movimiento me sumergía en un trance indescifrable. Lentamente mi cuerpo se hundía en la hierba cada vez más.
Sin saber si era efecto del alcohol o la inmensidad de la noche, la imagen de una mujer apareció entre las llamas.
Era joven, tímida, de ojos grandes y pelo negro. Su piel era suave y delicada, fina y blanca. Vestía solo unos harapos, unas telas que envolvían su hombro y bajaban hasta sus rodillas, y el color era difícil de definir, las cenizas le daban un tono grisáceo y envejecido.
Durante unos minutos no pude apartar mis ojos de su cuerpo aunque ella tampoco dejaba de observarme. Lentamente comenzó a apartarse de las llamas y caminó hacia mí. La joven comenzó a acariciar mi pelo y mi rostro.
Se detuvo en mis labios unos segundos. Apoyé mi mano sobre la suya y delicadamente recorrí todo mi rostro, comencé a bajar por el cuello y al llegar al pecho ya no necesitó que mi mano la guiara.
Su mano siguió deslizándose, al principio de manera tímida aunque después se dejó llevar por la profundidad de la noche y los ruidos de la leña calentándose. Sumergido en su cuerpo me dejé llevar.
Nuestros cuerpos rozándose, revolcándose por el suelo húmedo del bosque y las estrellas infinitas en el cielo eran el escenario más impresionante.
Las brasas seguían ardiendo como hacia horas, hasta me atrevo a decir que crecían y se apaciguaban al ritmo de nuestros cuerpos desnudos. Interminable era el ir y venir de su cuerpo sobre el mío, su pelo sobre mi rostro y sus manos envolviendo mi cuello, mientras me insinuaban que continúe…
Finalmente no se escuchó más nada, ni el latir de su corazón a un ritmo acelerado, ni el vibrar de las hojas. Ya no escuché su respiración en mi oído ni el roce de sus labios. El bosque se inundó de silencio y suavemente la llama se apagó.
A la mañana siguiente encontraron mi cuerpo inmóvil e incinerado junto a las brasas tibias.

domingo, 13 de marzo de 2011

Hicieron un desierto y lo llamaron paz