martes, 10 de mayo de 2011
Los actores son, generalmente, gente dichosa. Pueden elegir, para representar, la tragedia o la comedia, el dolor o la diversión; pueden escoger entre hacer reír o hacer llorar. Pero en la vida real es muy distinto. Infinidad de hombres y mujeres se ven obligados a representar papeles para los cuales no estaban designados. Nuestros Guildenstrens hacen de Hamlets y nuestros Hamlets intentan bromear como el príncipe Hal. El mundo es un escenario, pero la obra tiene un reparto deplorable. (Oscar Wilde)
lunes, 9 de mayo de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
-¿Quiere venir conmigo o no?
Y le golpeó en el pecho intencionadamente o guiada por su excitación, de tal forma que él se habría precipitado por la ventana si, inclinándose, no hubiese logrado tocar el suelo con los pies desde el alféizar en el último momento.
-He estado a punto de caerme -dijo con un tono de reproche.
-Es una pena que no haya sucedido así. ¿Por qué es usted tan descortés? Le voy a tirar abajo.
Y, ciertamente, le rodeó con los brazos y, con la fuerza de su cuerpo endurecido por el deporte, llevó a Karl, que sorprendido olvidó ofrecer resistencia, casi hasta la ventana. Pero allí se recuperó, se desprendió de ella con un giro de la cadera y ahora fue él quien la rodeó con los brazos.
-¡Ay!, me hace daño -dijo ella enseguida. Pero entonces Karl creyó que ya no debía volver a soltarla. Le dejó algo de libertad, que diese los pasos que quisiera, pero la siguió y no la soltó. También era tan fácil rodearla con los brazos en ese vestido tan ajustado.
-Déjeme -susurró ella, con su rostro sofocado junto al de Karl; él tenía que esforzarse por mirarla, tan cerca estaba de él-. Déjeme, le daré algo bonito.
«¿Por qué suspira así? -pensó Karl-, no le puede hacer daño, no la aprieto nada»; y siguió sin soltarla. Pero de repente, después de un instante de pasividad silenciosa y de distracción, volvió a sentir la fuerza que se despertaba en su cuerpo y ella ya se le había escapado de las manos; Klara le sujetó por el tronco de una forma muy efectiva, inmovilizó sus piernas con los pies aplicando una técnica de lucha desconocida y le fue desplazando, tomando aliento con espléndida regularidad, hasta la pared. Allí había un sofá, sobre el que cayó Karl, y le dijo sin inclinarse demasiado hacia él: Ahora muévete si puedes.
América, Franz Kafka
Y le golpeó en el pecho intencionadamente o guiada por su excitación, de tal forma que él se habría precipitado por la ventana si, inclinándose, no hubiese logrado tocar el suelo con los pies desde el alféizar en el último momento.
-He estado a punto de caerme -dijo con un tono de reproche.
-Es una pena que no haya sucedido así. ¿Por qué es usted tan descortés? Le voy a tirar abajo.
Y, ciertamente, le rodeó con los brazos y, con la fuerza de su cuerpo endurecido por el deporte, llevó a Karl, que sorprendido olvidó ofrecer resistencia, casi hasta la ventana. Pero allí se recuperó, se desprendió de ella con un giro de la cadera y ahora fue él quien la rodeó con los brazos.
-¡Ay!, me hace daño -dijo ella enseguida. Pero entonces Karl creyó que ya no debía volver a soltarla. Le dejó algo de libertad, que diese los pasos que quisiera, pero la siguió y no la soltó. También era tan fácil rodearla con los brazos en ese vestido tan ajustado.
-Déjeme -susurró ella, con su rostro sofocado junto al de Karl; él tenía que esforzarse por mirarla, tan cerca estaba de él-. Déjeme, le daré algo bonito.
«¿Por qué suspira así? -pensó Karl-, no le puede hacer daño, no la aprieto nada»; y siguió sin soltarla. Pero de repente, después de un instante de pasividad silenciosa y de distracción, volvió a sentir la fuerza que se despertaba en su cuerpo y ella ya se le había escapado de las manos; Klara le sujetó por el tronco de una forma muy efectiva, inmovilizó sus piernas con los pies aplicando una técnica de lucha desconocida y le fue desplazando, tomando aliento con espléndida regularidad, hasta la pared. Allí había un sofá, sobre el que cayó Karl, y le dijo sin inclinarse demasiado hacia él: Ahora muévete si puedes.
América, Franz Kafka
viernes, 29 de abril de 2011
Las piezas de este rompecabezas se van encajando una por una de tal manera que cada acción, tiene una consecuencia. A la vez, esa consecuencia genera otra y así, sucesivamente... Es un ciclo, una cadena con un principio casi incognoscible y un final indescifrable. Es sorprendente como son las vueltas de la vida: quizás un mínimo detalle (un segundo, una nube, un reloj, un papel) termina poniendo delante nuestro lo que realmente necesitamos
martes, 19 de abril de 2011
"...Digamos que loco es aquel que hace las cosas de la misma manera, una y otra vez, y que en cada intento cree o piensa que al final de su conducta o acción, obtendrá lo que espera, recibiendo con desilusión prácticamente el mismo resultado de siempre."
Entonces solo nos queda hacer totalmente lo contrario a lo que nosotros creemos o pensamos y... quizás las cosas (finalmente y por una buena vez), no salgan como nosotros queremos. O quizás es eso lo que realmente buscamos, lo que realmente queremos y todavía no nos dimos cuenta.
Entonces solo nos queda hacer totalmente lo contrario a lo que nosotros creemos o pensamos y... quizás las cosas (finalmente y por una buena vez), no salgan como nosotros queremos. O quizás es eso lo que realmente buscamos, lo que realmente queremos y todavía no nos dimos cuenta.
viernes, 15 de abril de 2011
martes, 12 de abril de 2011
domingo, 10 de abril de 2011
miércoles, 6 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
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